NO SOY PESIMISTA, SOY UN OPTIMISTA BIEN INFORMADO

2011 fue un año de fenómenos climáticos extremos en todo el mundo. Precipitaciones excesivamente abundantes, muchas de ellas relacionadas con uno de los episodios de La Niña más intensos de los últimos 60 años, tuvieron importantes consecuencias en el mundo. Muchos lugares de la Tierra padecieron inundaciones considerables, mientras graves sequías asolaron zonas de África oriental y de América del Norte. Las temperaturas medias mundiales no llegaron a las máximas de 2010, a pesar de que fueron las más altas observadas durante un año de La Niña, y el hielo marino del Ártico disminuyó hasta alcanzar casi la extensión mínima registrada hasta la fecha. En todo el mundo, la actividad de los ciclones tropicales fue inferior al promedio pero, en Estados Unidos, la temporada de tornados fue una de las más destructivas de la historia.

Así empieza el Informe anual sobre cambio climático de la Organización Metereológica Mundial y hasta aquí hemos llegado. Todo indica que el planeta se recalienta, que los recursos naturales se acaban, y que la vida en cierta medida se extingue de nuestro hermoso mundo mientras nuestra civilización, y nuestra especie, en teoría la más inteligente que la evolución de las especies ha dado fruto, toma el poder de todos los ecosistemas y sigue a pasos de gigante avanzando hacia un modelo de consumo y de materialismo banal y supérfluo que no puede tener otro fin que el colapso ecológico del planeta Tierra.

"Lo siento, tienes humanos..."

James Lovelock es el artífice de más de doscientos artículos científicos y padre de la conocida teoría de Gaia, que postula que la Tierra o Gaia se comportaría como un sistema auto-regulador (que tiende al equilibrio) y que su propia naturaleza contiene una componente de caos inteligente que es capaz de revertir situaciones de “enfermedad planetaria”. Tal sería el caso de un calentamiento global, de una subida en el nivel del mar o de un aumento en el episodio de grandes inundaciones o ciclones tropicales. Todos estos fenómenos devastadores que nosotros llamamos catástrofes naturales serían según la teoría de Gaia producto y efecto de ese sistema auto-regulador. Pero, ¿y nosotros mismos? ¿y si fuéramos también una catástrofe natural?

Lovelock ha sido calificado como “uno de los grandes pensadores de nuestra época” (New Scientist), como “una de las figuras más influyentes del movimiento ecologista” o como “uno de los cien intelectuales más importantes del mundo” (Observer).  Yo, después de haber leído buena parte de sus obras (la última que leí La Tierra se agota)  lo definiría como “un científico sin pelos en la lengua y que advierte a los gobiernos de la gravedad mortal sobre el estado de la Tierra”. Y rescato aquí un fragmento de su último libro para contextualizar esto:

Cuando alguien descubre, demasiado tarde, que sufre una grave y quizá incurable enfermedad y que tal vez sólo queden unos seis meses de vida, la primera reacción es de angustia; luego, al negarse a reconocerlo, buscará airadamente cualquier cura que le ofrezcan, o acudirá a profesionales de medicina alternativa. Finalmente, si es sensato llegará un estado de serena aceptación. […]

Esta serena aceptación ya ha llegado a nuestra conciencia global y a nuestro imaginario colectivo (por lo menos a la mía sí). Ya somos capaces de imaginar un mundo sin petróleo (porque lo hemos consumido todo), un mar sin peces (porque hemos sobreexplotado sus recursos), una Antártida sin capa de ozono (porque no nos hemos creido lo del agujero), y un largo etcétera que por desgracia afecta a cualquier recurso natural que queramos imaginar, y esto es porque sabemos, somos conscientes de lo que acontecerá. Es matemática pura, y si siempre vas restando, al final llegas a cero.

Es este el punto en el que nos encontramos ahora, sabemos que tenemos problemas y que de seguir así vendrán muchos más, pero también sabemos que hay alternativas, y maneras sostenibles de salvar el planeta, “medicina alternativa para seguir viviendo bien”, pero todavía, como sociedad no nos hemos decidido a erradicar nuestra enfermedad. Como civilización nos resistimos a dar el cambio. Somos como el enfermo de cáncer de pulmón, que a escondidas de su médico, se enciende un cigarro en la ventana del pasillo del hospital. Pero antes o después llegará el momento que nos veamos obligados a un cambio irreversible, en el que los políticos se daran cuenta de lo imprudentes que fueron al no aprobar las políticas que debían cuando debían, por no escuchar a la comunidad científica en sus consejos, por no atender a sus datos.

Por último, quisiera compartir este vídeo que ha motivado hoy que escribiera este post, dura media hora pero es de lo más instructivo. Es un vídeo introductorio sobre el problema energético y ecológico que tiene nuestra civilización. El problema del crecimiento infinito en un planeta finito.

No hay mañana – (There’s no tomorrow)

Soy consciente de que al sacar el tema de un mundo que se agota, de una era que se acaba,…corro el riesgo de ser señalado como un pesimista o como un ecologista catastrofista exagerado. Yo os diría que prefiero ser considerado como un optimista bien informado y como una persona que quiero diferir considerablemente en mi actitud hacia el resto de la vida y hacia la Tierra con respecto a lo que ahora el sistema nos sugiere. Como dijera uno: el agua no puede ir cuesta arriba si alguien no la ayuda; y yo creo que ya ha llegado el momento de nadar contra corriente.

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Acerca de Roger Parés

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Una respuesta a NO SOY PESIMISTA, SOY UN OPTIMISTA BIEN INFORMADO

  1. fauna636 dijo:

    No puedo estar más de acuerdo contigo… El problema es que no es solo un problema político, de ideologias o maneras de entender y valorar las el mundo. Nuestra civilización global es tan interdependiente… que variar bruscamente el rumbo es imposible. Creo que ya hemos empezado a virar… pero la inercia del sistema actual es muy grande… ¡solo cabe esperar que podamos terminar la maniobra a tiempo!

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. - Albert Einstein

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